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El maestro y su duda

Viéramos una mejoría en el juego o no, ayer vimos un cambio en el resultado del partido del Baskonia. El siguiente paso es saber cómo se ha digerido esa victoria en el equipo y el mensaje del cuerpo técnico hacia el mismo. Es la diferencia entre el primer paso hacia el éxito o el último paso antes de perderse en el camino.

Sus referencias no eran malas, pero aquel comienzo de curso había sido desolador para él.  El alumno lo justificaba exponiendo que el cambio de colegio, de etapa educativa y de compañeros le estaba afectando, pero los profesores no se explicaban ese bajón solamente debido a esas causas: ellos le veían despistado en clase y perdido en los exámenes. No veían lo que hacía en casa, ni veían cómo de serio se tomaba la escuela, pero sus resultados no dejaban lugar a dudas: era un alumno que suspendía estrepitosamente. Tenían un estudiante de notable que ahora suspendía día tras otro.

El último examen que hizo antes de que al profesor le entraran dudas era de geografía. No era un examen difícil, localizar países como Lituania en un mapa era posible incluso sin estudiar demasiado, porque le sonaban de antemano.

El resultado de la prueba, si bien no notable, fue diferente a los anteriores: el alumno sacó un 5,5, y el profesor, cuyo objetivo era que todos y cada uno de sus alumnos dieran lo mejor de sí mismos, se debatía internamente. ¿Debía animar al alumno mostrándole su trayectoria, haciéndole ver que todo era posible si se esforzaba, y que tenía metas mayores, o debía remarcarle que había mejorado pero que aún esperaba más de él y debía seguir esforzándose, aún más si cabe? Si la duda fuera acerca de algo como el precio de la gasolina le habría dado igual, pero aquella noche no podía dormir. Esta vez volvía a tratarse de una persona y no quería fallar; los casos sobre personas siempre eran especiales para él. La duda sobre qué tipo de mensaje debía transmitir al alumno le corroía; se trataba de una persona, de su rendimiento actual y de su futuro.

Su cabeza no dejaba de dar vueltas. El profesor tenía el expediente del alumno, sus referencias, sus notas… y sin embargo, no se decidía. Si recompensaba excesivamente al alumno con su discurso, podría relajarse, creer que ya había solucionado todo, y la mejoría en la nota podría convertirse en un espejismo pasajero. En cambio, si era demasiado duro con él, podría desanimarlo al no reconocer su mejoría, y destinarle al ostracismo.

Y se hizo la luz. El maestro se dio cuenta de que no importaba la exactitud del expediente que pudiera conseguir, ni las vueltas que pudiera dar a los exámenes hechos. Toda la información que necesitaba era aquella que no tenía, y no era otra que la actitud que el alumno tenía hacia los estudios. Eso no se medía en un papel, pero de aquello dependía su reproche o alabanza hacia el alumno: si la actitud del alumno era muy dura consigo mismo por no llegar aún a su nivel anterior, debería reconocerle su mejoría y animarle a seguir trabajando: Si la actitud del alumno era triunfal y de haber solucionarlo todo, debía recordarle que aún le quedaba camino por recorrer.

¿Qué le dijo el maestro al alumno? A quien haya entendido el mensaje,realmente no le importa.

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